EL MAL: ¿se nace o se construye?

 

Una reflexión filosófica sobre el derecho penal y la naturaleza humana





Antes de preguntarnos qué pena merece un delito, existe una pregunta mucho más antigua y profunda: ¿por qué una persona delinque?

Aunque parezca una cuestión exclusiva de la filosofía, la respuesta tiene consecuencias directas en el derecho penal. La forma en que entendemos el origen del mal influye en la manera en que juzgamos, castigamos e incluso tratamos a quienes cometen un delito.

Durante siglos, filósofos, juristas y criminólogos han intentado responder una misma pregunta: ¿el ser humano nace siendo malo o las circunstancias lo llevan a convertirse en delincuente?

No existe una respuesta definitiva, pero las distintas teorías han moldeado la historia del derecho penal.

Hobbes: cuando el ser humano necesita límites

Thomas Hobbes tenía una visión pesimista de la naturaleza humana. En su obra Leviatán sostuvo que, sin reglas ni autoridad, las personas vivirían en una permanente lucha por sobrevivir. Su famosa expresión, homo homini lupus ("el hombre es un lobo para el hombre"), resume esa idea: el conflicto sería parte de nuestra propia naturaleza.

Si esta visión es correcta, el derecho penal aparece como una necesidad. Castigar no sería únicamente una reacción frente al delito, sino una herramienta indispensable para evitar que la sociedad regrese al caos.

Desde esta perspectiva, la ley existe porque no podemos confiar plenamente en la bondad humana.

Rousseau: el delincuente también es producto de la sociedad

Jean-Jacques Rousseau defendía una idea completamente distinta. Para él, el ser humano nace libre y con una inclinación natural hacia el bien. Es la sociedad, con sus desigualdades, exclusiones y formas de poder, la que termina deformando esa condición original.

Llevado al terreno penal, esto plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto algunos delitos reflejan únicamente decisiones individuales y hasta qué punto son consecuencia del contexto en el que una persona ha vivido?

Esto no significa justificar el crimen ni eliminar la responsabilidad personal. Significa reconocer que el delito no siempre puede entenderse aislando al individuo de su entorno.

Cuando el derecho quiso encontrar al "delincuente nato"

A finales del siglo XIX apareció una teoría que intentó resolver el debate desde la biología. El médico y criminólogo Cesare Lombroso sostuvo que algunas personas nacían con características físicas que las predisponían al delito.

Con el tiempo, estas ideas fueron ampliamente cuestionadas por carecer de suficiente respaldo científico. Sin embargo, dejaron una enseñanza importante: el riesgo de creer que la criminalidad puede identificarse observando a las personas y no analizando sus conductas.

Cuando el derecho comienza a castigar lo que alguien es y no lo que hace, aparecen formas de discriminación difíciles de justificar en un Estado de Derecho.

Hannah Arendt y el rostro cotidiano del mal

Después del juicio contra Adolf Eichmann, Hannah Arendt propuso una idea que transformó la forma de comprender la violencia.

El mal, sostuvo, no siempre proviene de individuos extraordinariamente perversos. En ocasiones surge de personas comunes que dejan de cuestionar sus actos, obedecen órdenes o actúan mecánicamente sin reflexionar sobre las consecuencias de sus decisiones.

"La banalidad del mal."
El mayor peligro puede surgir cuando dejamos de pensar críticamente sobre nuestros propios actos. — Inspirado en Hannah Arendt

Esta idea rompe con la imagen tradicional del delincuente como un monstruo.

Quizá el mayor riesgo para una sociedad no sea únicamente quien actúa con maldad consciente, sino también quien normaliza el daño hasta convertirlo en rutina.

La criminología: más preguntas que respuestas

La criminología contemporánea ha demostrado que no existe una única explicación para el delito.

Factores familiares, condiciones económicas, experiencias de violencia, consumo de sustancias, trastornos de personalidad, aprendizaje social, oportunidades delictivas y procesos culturales pueden influir en una conducta criminal.

Cada caso responde a una combinación distinta de circunstancias.

Por eso, reducir el delito a una sola causa suele conducir a conclusiones simplistas.

¿Qué significa todo esto para el derecho penal?

Quizá el mayor aprendizaje sea que la forma en que entendemos al ser humano determina la forma en que construimos el sistema penal.

Si creemos que las personas nacen inevitablemente inclinadas al mal, el castigo tenderá a endurecerse y el Estado desconfiará de quien infringe la ley.

Si, por el contrario, pensamos que todo delito es únicamente consecuencia de la sociedad, corremos el riesgo de diluir por completo la responsabilidad individual.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio. El derecho penal no puede ignorar el contexto en el que ocurren los delitos, pero tampoco puede dejar de exigir responsabilidad por los actos cometidos.

Un Estado de Derecho no juzga la esencia de las personas. Juzga conductas concretas demostradas dentro de un proceso con garantías.

Reflexión final

Tal vez nunca logremos responder con certeza si el mal nace con el ser humano o si se construye a lo largo de la vida.

Lo que sí sabemos es que esa pregunta ha acompañado al derecho penal desde sus orígenes y sigue influyendo en la forma en que concebimos la justicia.

Quizá el verdadero desafío no consista en descubrir dónde nace el mal, sino en evitar que, al intentar combatirlo, el derecho termine olvidando que incluso quien ha cometido un delito sigue siendo una persona.

Porque cuando el sistema penal deja de juzgar hechos y comienza a juzgar la naturaleza de quienes los cometen, la justicia corre el riesgo de convertirse en aquello mismo que pretende evitar.

Por María Díaz A. 

Comentarios


  1. Interesantísimo, me hace recordar al ocultista Alister Crowley y su famosa frase: “Haz lo que tú quieras, será toda la ley”. Si tomamos esa definición como guía de vida, el ser humano estaría por encima de cualquier restricción que le trate de imponer la sociedad, ese libre albedrío estaría más allá de lo que cualquier persona llegase a considerar “bueno o malo”. Terrorífica la mente humana cuando se usa para hacer el mal

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