¿POR QUÉ CASTIGAMOS? Una mirada a la culpa y el castigo desde Nietzsche y el Derecho Penal

En el derecho penal solemos hablar de delitos, culpabilidad, sanciones y penas como si fueran conceptos naturales e indiscutibles. Sin embargo, la pregunta por el origen de la moral detrás del castigo rara vez se formula. ¿De dónde viene la idea de “culpa”? ¿Por qué concebimos que el infractor debe “pagar”?

Friedrich Nietzsche, en su obra La genealogía de la moral (1887), nos ofrece una reflexión profunda que sigue siendo actual y provocadora para quienes estudiamos y practicamos el derecho.

La moral como construcción histórica

Nietzsche sostiene que los valores morales no son eternos ni universales: nacen de luchas de poder y contextos sociales. Lo que hoy llamamos “bueno” o “malo” es el resultado de procesos históricos y no de una verdad absoluta.

En el campo penal, esto significa que nuestras categorías de delito, responsabilidad y castigo no son naturales, sino creaciones humanas que responden a una determinada forma de organizar la sociedad. Michel Foucault (1975), en Vigilar y castigar, también muestra cómo el sistema penal moderno se construye como una tecnología de poder, más que como una respuesta a la justicia.

La culpa: deudor y acreedor

Una de las ideas más sugerentes de Nietzsche es que la culpa surge de la relación deudor–acreedor en las sociedades primitivas. Si alguien incumplía, debía compensar con bienes, dolor o sufrimiento.

Con el tiempo, esta lógica se interiorizó: el ser humano empezó a sentirse deudor no sólo frente a otro hombre, sino frente a Dios. Así nació la mala conciencia, la idea de que estamos siempre en falta y debemos pagar con obediencia, sacrificio o castigo.

En el derecho penal moderno, esta huella es evidente: el delincuente es visto como deudor de la sociedad que debe pagar su falta con prisión u otra sanción. Zaffaroni (1989) advierte que esta lógica ha llevado a una hipertrofia de la potestad punitiva, donde la pena se convierte en un fin en sí misma.

El ideal ascético y la prisión

Nietzsche también critica el ideal ascético: la idea de que el sufrimiento tiene un valor en sí mismo. Según este ideal, renunciar, padecer y obedecer son virtudes.

¿No refleja esto el modelo carcelario? La prisión se presenta como espacio de “corrección”, donde el sufrimiento y la restricción de la libertad son vistos como necesarios para “redimir” al infractor.

Pero, ¿realmente la cárcel redime? ¿O simplemente prolonga un sistema de control y obediencia que refuerza la represión más que la transformación? Foucault lo plantea con crudeza: la prisión no corrige, sino que clasifica, vigila y normaliza.

Castigo, violencia y exclusión

René Girard (1983), en La violencia y lo sagrado, sugiere que el castigo tiene raíces rituales: canaliza la violencia social hacia un chivo expiatorio. En el derecho penal, esto se traduce en la figura del infractor como portador del mal, cuya sanción purifica a la comunidad.

Jakobs (2003), por su parte, propone el concepto de derecho penal del enemigo: un modelo que no busca resocializar, sino excluir al sujeto considerado peligroso. Esta lógica extrema revela cómo el castigo puede convertirse en una herramienta de eliminación simbólica.

Repensar el castigo

La lectura de Nietzsche no pretende darnos un nuevo código penal, pero sí nos invita a cuestionar:

·         ¿Castigamos por justicia o por resentimiento social?

·         ¿La pena busca transformar al individuo o simplemente imponer obediencia?

·         ¿Podemos pensar en un derecho penal que supere la lógica de la deuda y el sufrimiento?

En un país como Colombia, donde la prisión muchas veces no repara a las víctimas ni resocializa al infractor, estas preguntas son más necesarias que nunca.

Conclusión

Nietzsche nos recuerda que la moral que fundamenta nuestras leyes no es neutral: tiene historia, intereses y consecuencias. Comprenderla nos abre la puerta para criticar el derecho penal actual y atrevernos a imaginar un sistema que no esté basado únicamente en la culpa y el castigo, sino en la transformación y la vida.

Bibliografía

·         Foucault, M. (1975). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores.

·         Girard, R. (1983). La violencia y lo sagrado. Editorial Anagrama.

·         Jakobs, G. (2003). Derecho penal del enemigo. Civitas.

·         Nietzsche, F. (1886). Más allá del bien y del mal. Editorial Alianza.

·         Nietzsche, F. (1887). La genealogía de la moral. Editorial Alianza.

·         Zaffaroni, E. R. (1989). En busca de las penas perdidas: desarrollo histórico de la potestad punitiva


Por María Díaz A. 

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